dimecres, 25 de maig del 2016

RUTA LITERARIA BARCELONA



1.      Plaza Catalunya
Tardó un poco en reconocer entre la multitud al cliente de Pepiño, apoyado en la barandilla de la boca del metro de Liceu. El emplazamiento elegido era, junto con la entrada de El Corte Inglés de plaza Catalunya, uno de los lugares de encuentro habituales. Mirando a la multitud que guardaba alrededor de la salida de la estación era fácil presuponer a quién esperaba cada uno. Había un grupo de unos diez adolescentes que hablaban fuerte, se daban empujones y fingían patadas de artes marciales entre risas escandalosas, algunos de ellos miraban el reloj y lanzaban soplidos y blasfemias, ya debían estar casi todos y sólo faltaban los tardones de turno.

 

2.      La Rambla
También había una mujer no demasiada agraciada, de unos 40 y muchos mal llevados, con traje, chaqueta y zapatos de tacón con los que, a juzgar por la expresión de su rostro no se acababa de sentir cómoda. Estaba en mitad de las Ramblas, esperando a una amiga que no acababa de llegar. A un joven atlético se le ilumino el rostro cuando apareció una afrodita veinteañera que no supo si besarle en la mejilla o en la boca. Ella no dudo i le planto el beso en los labios.

 

3.      Plaza Real
Había conoció la Plaza Real cuando aún era un bazar de sustancias ilegales y de sexo concertado. Un fortín de crápulas nocturnos, de delincuentes a pequeña escala, de dealers de tres al cuatro. Ahora en cambio se había transformado en un parque temático gigante para guiris, especialmente yanquis, italianos e ingleses a los que Woody Allen, el Futbol Club Barcelona o Ryanair habían animado a visitar la Ciudad Condal, qué rabia le daba ese epíteto.  Desde una de las esquinas de la plaza desafiaba el paso del tiempo y las modas el Jamboree: el club de jazz más prestigioso de Barcelona.

 

4.      Jamboree
El jamboree es una sala de jazz que se situa a lo largo de toda la novela.
A partir de esa noche  cambió el jamboree por otras salas que fueron abriendo y cerrando antes de que les diera tiempo  a sus valientes propietariosa amortizar la inversión del traspaso y las reformas, y a él ser un cliente habitual. Y es que el jazz,  como la poesía, ya no era un negocio rentable. Se llamaba Ramón. Había acudido al Jamboree a la hora a la hora acordada, ni  un minuto  antes ni un segundo después. Se había preparado a conciencia para la que iba ser, hasta el momento, la noche más dura de su vida.

 

5.      La Rambla del Raval
La Rambla del Raval olía a oriente y occidente, a paella y a comino, a Frankfurt con mostaza y kebab, a cerveza y a té. Muchos bares tenían un cartelito en el cristal escrito a mano o a ordenador en los que se leía: <<En este bar estuvo Manu Chao>> , <<aquí se toma cañas Manu Chao>>… Les recordó a un viaje a Cuba. Muchos locales Habana Vieja anunciaban con inscripciones pintadas en baldosas <<Hemingway was here>>.  Cuando agotado por el calor tropical y la humedad habanera decidió tomarse un mojito, eligió un local que resultó simpático porque en la vuelta habían escrito a bolígrafo: <<Hemingway no estuvo aquí>>.

 

6.      JazzSi Club
Joaquín se pasó el domingo durmiendo hasta las cuatro, se duchó. Desayunó-comió  y se fue andando hasta la jam sesión del Jazz-si Club. Se animó a subir a cantar, bastante mal por cierto, una versión de James Brown, que de todos modos fue aplaudida por la puesta en escena. Hasta el lunes por la tarde no tenía nada que hacer. Sí, otro Havana 7 solo con hielo, guapa.